productor de sostenibilidad

18 Julio 2009

¿Recuerdas el 18 de julio de 2005?

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silencioYo estaba becado por FIDA en un curso de verano. Se seguía con interés la evolución del incendio y sabíamos que había víctimas mortales por las que guardamos un minuto de silencio. Todavía no conocíamos su identidad. Poco después se confirmaría la sospecha: el incendio había segado la vida de algún conocido. Un compañero de la facultad. Julio y yo habíamos coincidido en algunas ocasiones. Como aquella entrevista en el despacho de Rosario Arévalo.

Los cargos políticos se recolocan con facilidad y los técnicos no dejan de ser esclavos de lo que hicieron mal otros, incluso cuando intentan echarle la culpa al retén de su propia suerte. ¿Dimisiones? Para que se hiciese justicia tendríamos que profundizar en décadas de gestión forestal deficiente. Tendríamos que revisar el poder de empresas con la capacidad hacer las leyes a la medida de sus clientes. Organizaciones que cuentan con una cantidad de puestos de trabajo que permite comprar la voluntad de colectivos profesionales. Y que disponen de recursos que silencian pueblos enteros. Habría que analizar una gestión y organización de trabajo tan deficientes que permiten errores imposibles.

Para hablar de justicia tendríamos que devolverle la dignidad a habitantes, hijos y nietos de comarcas que han sido despojadas de su territorio e identidad a golpe de medida compensatoria. Para que se hiciese justicia habría que dar voz a todos los que estaban allí aquellos días. Y aquellas noches. No a los 11 que se fueron, esos ya no pueden hablar. A los que, a pesar de todo, no les acompañaron.

A Julio se lo llevaron las llamas en Guadalajara. Unas llamas que deberían habernos iluminado el camino para luchar contra el clientelismo y el servilismo. El fuego asusta, da miedo, paraliza y hace callar. Tal vez se no consiga justicia. Pero podemos mantener vivo el recuerdo. Y no olvidar.

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11 Mayo 2009

¿Para qué sirven las cámaras del metro?

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Un individuo saca una navaja y la luce durante cerca de un minuto delante de una cámara, dentro de un vagón de metro. No ocurre nada. Sigue pasando el tiempo, el habitáculo se llena de gente y el tipo apuñala a otro. Allí, delante de la cámara. Durante un buen rato siete cámaras están gravando a la masa y al agresor. Hace algún tiempo otro episodio similar. Un individuo se lía a patadas contra una persona, el tren llega a la siguiente estación: no hay nadie esperando para detener al tipo, ni para atender a la chica. Es más, los medios de comunicación desplazan el debate a la pasividad del resto de los viajeros.

¿Para qué sirven las cámaras del metro? Me gustaría encontrar respuestas distintas a las que se pueden leer en libros como La Sociedad de Control. Menos privacidad, más intimidados y el transporte colectivo cada vez más caro, ¿se justifica la subida de precio con la dotación de medidas de vídeo vigilancia y contratación precaria de personal de seguridad? ¿para qué? Si un individuo puede estar durante un minuto en un tren con una navaja en la mano sin que el sistema de vigilancia intervenga, si alguien puede cometer una agresión y bajarse en la siguiente parada como si no ocurriese nada… está claro que no es la integridad del pasajero lo que se garantiza ¿qué vigilan esos miles de cámaras de seguridad?

Con ayuda de los medios de comunicación de masas está claro para lo que sirven: doctrina de shock. ¿Por qué ahora? Justo cuando empiezan a aparecer brotes verdes en la economía, cuando resulta que la nueva gripe no es una amenaza mortal en nuestra sociedad, cuando parece que se empieza a destruir menos empleo, parece que empiezan a bajar los precios de los pisos, en este fin de semana que todavía hay liga

¿No tenemos derecho a un minuto de felicidad y esperanza? ¿O es que nos las tienen que dosificar? Me voy en bici, con independencia de que 500 moteros consigan más atención mediática que 2500 ciclistas. No me queda más remedio que ser testigo, pero no quiero ser cómplice.

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23 Febrero 2009

¿te conozco?

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Lorena lanza una encuesta en su blog con esta pregunta:

¿Participas en alguna red social donde no conoces a nadie físicamente?

Y no se muy bien qué responder, es más, se me ocurría un comentario outofftopicante del estilo ¿Conocer? ¿en el sentido bíblico de la palabra?

A día de hoy, en todas las herramientas sociales de Internet en las que participo conozco gente físicamente. Incluso hay herramientas en las que todos los usuarios a los que estoy conectado eran previamente conocidos. Pero no siempre fue así.

De un tiempo a esta parte utilizo Internet para comunicarme con gente a la que conozco, pero hubo un momento en el que no era común tener correo electrónico o utilizar herramientas sociales de Internet. Ahora algunos eventos familiares se organizan con ayuda de la red y las fotos se ponen a disposición de los compañeros de viaje por medios digitales. Poco a poco descubres, a base de ser etiquetado en las fotos del colegio, que todas esas personas a las que no mantuviste contacto analógico están al alcance del un golpe de ratón.

En la línea de la reflexión contactos vs interacciones, el correo electrónico siempre ha sido mi favorito. Las herramientas a través de las que más he interaccionado en Internet (con gente que conociese o no físicamente) siempre han sido las listas de distribución de correo electrónico.

Volviendo al asunto de personas que conozco físicamente en plataformas para redes sociales, depende el uso que haga de esas redes. Algunas tienen vocación de ser una lista de contactos multifuncional. La libreta de direcciones del correo electrónico, pero con fotos y apuntes sobre la vida de las personas con las que tengo algo que ver. Una agenda que (a cambio de mi privacidad) no se perderá, para siempre, la próxima vez que me cambien de dueño el teléfono móvil. Aquí cabe todo el mundo: puede que lo único en común sea la curiosidad por aprender a utilizar un programa para hacer música electrónica, la investigación sobre el origen de un apellido común o el haber pasado unos cuantos años en el mismo aula.

Es posible que algún día acuda a algún sarao por la curiosidad de conocer físicamente o por compartir algo de tiempo con gente con la que me relaciono en diferido a través de herramientas informáticas. ¿Eso cuenta como conocerlas físicamente? ¿es muy distinto de una cena de antiguos alumnos que llevan más de una década sin verse? seguro que quedar de forma presencial sirve para hacer química, pero…  ¿por qué invitan a cenar unos tipos cuyo blog leo de vez en cuando? ¿qué relación necesito tener con la persona que desarrolla un software que traduzco a mi idioma?

Como reflexión y para ir terminando, las redes sociales en Internet, para mí, son, básicamente, una herramienta de comunicación. Me dan la posibilidad de mantener contacto con personas (o perfiles, ¿la diferencia importa en según que casos?) con las que, seguramente, no interactuaría de otra manera y con otras con las que normalmente me relacionaré sin necesidad de acudir a esas herramientas sociales. Es posible que algunas de las relaciones que he establecido a través de Internet no tengan sentido fuera de la red. No digo que sean relaciones ficticias o que no jueguen un papel importante. Es sólo que, para un tipo en cuya religión no existe second life, hay muchas formas distintas de interaccionar en first life.

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26 Enero 2009

El impacto del hombre coherente.

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Él mismo recoge en su propio blog la sensación que está causando en los medios españoles. Parece que todo empezó con un artículo en La Vanguardia el pasado lunes 19/01/2009:

“Lo conocen, en definitiva, cientos de miles de lectores, telespectadores e internautas que han seguido paso a paso el experimento de este vecino de Gante de 48 años: reducir al mínimo su llamada huella ecológica en el planeta durante un año. En concreto, hasta 1,6 hectáreas, el espacio que corresponde a cada ser humano para un desarrollo sostenible. La huella ecológica mide el impacto vital de una persona sobre el planeta para satisfacer sus necesidades de consumo y absorber sus residuos. Es tan desigual como la vida: 0,9 hectáreas para un indio, 9,7 si vives en EE. UU. y 5,7 en el caso de los españoles.”

El experimento protagonizado por Steven Vromman – el Hombre de Bajo Impacto (HBI)- pretende mostrar cómo sería la vida de una persona que se plantease reducir su huella ecológica hasta un límite sostenible. Esto implicaría satisfacer nuestras necesidades presentes de modo que cada habitante del planeta tener nuestro mismo nivel de vida y sin comprometer los recursos necesarios para que las generaciones futuras puedan satisfacer sus necesidades.

Acostumbrados como estamos, en esto del comportamiento ambiental, a titulares que se centran en lo anecdótico, es interesante ver que la entrevista la importancia de no quedarse en lo superficial:

“El HBI sopesa, anota y calcula la huella que dejarán cada uno de sus pasos, pero sin volverse loco: “Hay quien me pregunta qué es mejor, usar una cerilla o un encendedor… Es irrelevante, lo importante son los cambios de verdad”, comenta. Los mayores ahorros de energía los ha logrado renunciando al coche en favor del transporte público, bajando la calefacción y aislando suelos y ventanas.”

Otro aspecto a destacar es que Vromman no está reduciendo su huella ecológica a base de renunciar a la tecnología:

“Tiene ordenador, móvil y un reproductor de música que se carga a mano, porque “ser un HBI no significa volver a la edad media”, explica mientras saborea una taza de té en su casa, un loft de 80 metros cuadrados en una antigua fábrica donde el termómetro rara vez sobrepasa los 15 º C.”

Las mayores reducciones de su huella ecológica vienen de renunciar a ciertos convencionalismos sociales que aumentan nuestra huella ecológica de forma insostenible. Por supuesto, no podríamos vivir infinitamente reutilizando ropa, pero podríamos plantearnos si merece la pena alardear de modelito nuevo cada temporada:

“Compras, las justas. Nada de ropa nueva. Desde mayo, sólo ha adquirido un pantalón de segunda mano y unas zapatillas para correr. Un estilo de vida, sin duda, más barato y que deja menos residuos. La rebaja en el consumo de agua ha sido brutal: sólo abre el grifo para beber y cocinar. No se ducha. Se lava con agua de la lluvia, sin gel ni champú. “¿Nadie lo diría, eh?”. Pues no… “El champú altera el equilibrio natural de la piel. Cuando dejas de usarlo, lo recupera. Pero me lavo con agua y jabón, y uso pasta de dientes”.”

Otra cosa curiosa es el asunto del trabajo. De una parte momento para la empatía:

“No deja de ser irónico que después de trabajar durante años en una consultora de temas medioambientales, sus consejos nunca hayan tenido tanta atención como cuando ha dejado de trabajar… “Es algo de lo que el movimiento ecologista también debe aprender, no basta con dar cifras”.”

De otro algo que nos temíamos, hay que trabajar menos para disminuir la huella ecológica:

“ser un HBI es “difícil de combinar con un curro a tiempo completo”. No frecuenta los supermercados convencionales.”

“”No compro productos congelados ni procesados, así que cada dos días tengo que ir a comprar leche, pan… Eso lleva tiempo”. Los pocos envases que acumula se reutilizan para hacer la compra o poner el almuerzo de sus hijos. Van a la escuela en Gante, donde muchos centros han prohibido el papel de aluminio o de plástico para envolver comida.”

Como no podría ser de otra manera, y a pesar de que nos lo intenten vender como ejemplo a seguir, alguno se pregunta si el experimento del Hombre de Bajo Impacto es sotenible a largo plazo:

“¿Qué pasará en mayo, cuando el experimento llegue a su fin? “Pienso mucho en eso. Creo que, siendo menos estricto, seguiré haciéndolo casi todo, porque no hay nada que eche terriblemente de menos”. Quizás alguna ducha. O comprar el periódico. “Si logro aislar el tejado o poner un calentador solar, igual puedo permitirme algún lujo…”. Ser un hombre de bajo impacto no sólo es bueno para el planeta, sostiene: “El que más gana con la vida de bajo impacto soy yo. Es más sano, más barato, mas tranquilo, mejor”.”

Si te interesa el tema, aquí tienes un par de enlaces:

este para calcular tu huella ecológica
este para conocer los retos a los que nos enfrentamos con el cambio global

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7 Noviembre 2008

El hombre de la bici del millón de dólares

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El día de hoy podría haber pasado a la historia como aquel en que descubrí, sin mayores consecuencias, la parte que el ciclismo urbano tiene de deporte de contacto. Pero como la sucesión ecológica existe y es buena, el 6 de noviembre de 2008 quedará en el recuerdo como el día en que conocí al hombre de la bicicleta del millón de dólares. Y esta es la historia en dos partes:

La bicicleta del millón de dólares

Es la bici que muchas querrían ser de mayor. Por lo menos la que yo utilizo para ir a currar.

Es un vehículo impresionante: a cualquiera le llaman la atención las cubiertas de las ruedas, pero si te fijas un poco más los frenos de disco y las llantas tampoco te pasan desapercibidas. Una señora bicicleta que muchos no dejaríamos atada en la calle durante la jornada laboral.

Pues está allí todos los días, a la puerta del curro, junto a la mía, cuando la llevo, y otras que, con mayor o menor frecuencia, se dejan ver por allí.

Mis compañeros de desayuno y yo la habíamos bautizado cariñosamente como la bici del millón de dólares.

De cómo conocí a su dueño

Por circunstancias de la vida, hoy, cuando salía del trabajo, he coincidido con un chico barbudo y sin un pelo de tonto que hablaba por teléfono mientras se preparaba para montar el vehículo en cuestión. No lo he podido resistir y le he preguntado si era el dueño de la bici del millón de dólares.

¿Del millón de dólares? Me ha preguntado. Está montada con retales de aquí y de allá… mira, el cuadro está rajado, justo aquí ¿lo ves?

Ha sido el comienzo de una entretenida conversación que ha continuado camino a casa, pedaleando por Princesa y Plaza de España. La subida hasta callao ha pasado sin sentir… hasta que se me ha salido la cadena pasado Callao. Aquí ha empezado una clase teórica sobre ruidos en la dirección, ejes pedaleros y otro montón de cosas.

El hombre de la bicicleta del millón de dólares me ha invitado a conocer su morada, donde he podido comprobar que, efectivamente existen máquinas que no habría podido soñar en la vida. Un muestrario de bicicletas sobre las que solamente había leído de pasada me ha mostrado otra forma de ver las dos ruedas.

También me he traído unos pedales y guardabarros que instalaré en mi vehículo este fin de semana.

Espero que volvamos a coincidir, ahora sí que tengo una cita con el jueves a final de mes.

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24 Julio 2008

Las bicicletas ¿son para el verano?

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Ya volví de mis quince días, que esta vez no han sido en agosto. Hay mucho que contar, pero será otro día. Hoy toca movilidad sostenible.

No se muy bien si para llevar mejor la re-entrada, para estar a la moda o como respuesta a las últimas medidas tomadas para incentivar el uso del transporte privado, he ido a trabajar en bici. Llevo bastante tiempo dándole vueltas pero no me decidía: hoy ha sido mi primer día.

Las motivaciones.

Cada cual tendrá las suyas, pero la anunciada subida de las tarifas del transporte público empieza a ser un buen motivo para plantearse alternativas. Aprovechar el trayecto del trabajo para hacer algo de deporte, tampoco es un mal motivo. En última instancia está la idea de acostumbrarme a moverme por la ciudad de una forma distinta.

El coche es una opción cara y contaminante. Pero el, cada vez más saturado y caro, transporte colectivo (que no tan público como debiera) hace algún tiempo que me resulta bastante hostil. En verano se suma el problema de la climatización ¿de verdad son necesarias esas corrientes de aire frío que dejan seco al más pintado?

Los acostumbrados cierres veraniegos y el consecuente aumento del tiempo de desplazamiento, también son un buen motivo para cambiar de modo de transporte.

Hablando de todo un poco, no entiendo como el cambio de la tarifa actual, no es una noticia de actualidad para una empresa certificada en sistemas de gestión que incluyen requisitos de comunicación con los clientes. Claro que igual el problema está precisamente en ese aspecto ¿qué es la comunicación con el cliente? o, mejor todavía, ¿quienes son los clientes del Metro de Madrid?

Yo me he enterado por la prensa de la inminente subida del precio del metrobus. Lo de hacerlo con agostosía debería ser un agravante que, sumado al resto de causas pendientes, justificaría una huelga general e indefinida, pero como nos pilla de vacaciones…

La bicicleta.

Mi nuevo medio para desplazarme libre por la ciudad se llama ubuntu. Lo primero que hice cuando la compré fue ponerle unas pegatinas, curiosamente, las primeras con el logotipo de este sistema operativo, unas de esas que te envían cuando pides los CDs.

Ya tenía una bicicleta, pero he decidido hacerme con otra. El motivo básico es que la que poseía tiene demasiado valor sentimental como para dejarla “tirada” en la calle durante toda la jornada laboral. Por otro lado, mi anterior bicicleta no es una maravilla, pero podría resultar atractiva para algún amigo de lo ajeno.

Así pues, ayer me acerqué a un centro comercial. Coincidía que tenían una bicicleta al precio más barato que he visto en los últimos meses. Por 75 euros me llevé un “hierro” de 26 pulgadas. Frena bien, los cambios son correctos… le pediría un plato un poco más grande, y unos pedales un poco más sólidos, pero para dejarla atada en cualquier farola (en Madrid el aparca-bicis no se estila mucho) es más que suficiente.

Al precio de 7 euros el billete de diez viajes, necesito alguno menos de 110 trayectos para amortizar esta inversión. Si voy a trabajar a diario en bici esto supone 2 meses y 3 semanas. Por lo que, si la economía lo permite, antes del invierno habré recuperado el valor de mi inversión.

Para ser honesto, a la cuenta anterior tendría que añadir unos euros invertidos en cadenas, una barra y su sillín. El cuadro de la bici ha resultado ser un poco bajo, por lo que esta misma tarde he comprado (en una tienda del barrio) una barra un poco más larga y, ya puesto, un sillín un poco más ergonómico, por la próstata y esas cosas que empiezan a preocupar cuando uno se acerca peligrosamente a los 30.

No descarto seguir personalizando la bicicleta y añadirle algunos accesorios en un futuro más o menos próximo.

La experiencia.

Esta mañana he salido de casa más o menos a la misma hora que otros días, pero con mi casco en la cabeza. En vez de ir a la boca del metro (cerrada por obras) he bajado por la calle Ascao montado en la bicicleta. El destino, la calle Princesa, queda a un poco más de 7 kilómetros según algún callejero disponible en internet. Nada que no hiciese cualquier día de verano durante aquellas vacaciones adolescentes que transcurrían, permanente e inevitablemente, sobre el sillín y dando pedales.

Tenía varias opciones, pero he optado por bajar hasta Marqués de Corbera, buscando el “carril bici” que va por O’Donnell, para disfrutar del lujo de atravesar por el parque del Retiro hasta la puerta de Alcalá. Desde allí a Cibeles, Gran Vía… y la casa del cliente de mi jefe (o el sitio donde curro, que también lo llamo cariñosamente).

No he controlado los tiempos. Al ir he tardado, en la parte común del trayecto, lo mismo que el autobús 28, al que he adelantado en Ascao. Me ha pasado cuando subía buscando O’Donnell, pero le he dado alcance y adelantado en el tramo del Retiro. El caso es que he salido de casa como de costumbre y cuando he llegado a la oficina todavía no estaban algunos de los que suelen fichar antes que yo.

A la vuelta me he cruzado con un colega que llevaba un par de años sin ver. Salía de su curro en la calle Ibiza, y he echado un rato de cháchara.

Aproximadamente, creo que he bajado de los 30 – 40 minutos en metro, a unos 20 – 30 en bici. Si algún día me da por medirlo lo dejaré por aquí, pero he de confesar que no suelo utilizar reloj.

Otra filosofía.

Lo que he aprendido esta mañana es que ir a currar en bici es otra filosofía. Un poco rollo slow down. Normalmente, cuando monto en bicicleta por deporte suelo “darle caña” para machacarme un poco. y descargar la fiera que llevo dentro.

El truco de los desplazamientos urbanos es otro. Disfrutar del trayecto, ir pendiente del tráfico, descubrir detalles de los que el metro te oculta… pararte a charlar si surge. La cosa no va de pegarse la paliza. No dan puntos a la regularidad, ni hay etapas cronometradas. Se trata de otra forma de moverse. La competición es contra el consumo de combustibles fósiles, las emisiones de gases de efecto invernadero, la masificación y despersonalización del transporte colectivo…

Planes futuros.

Después de la experiencia tengo claro que voy a seguir utilizando a ubuntu para ir a currar, así como para otros desplazamientos urbanos.

Tengo que hacerme con alguna mascarilla o filtro… respirar los gases de escape de los autobuses, las motos y los todo terreno no es muy agradable.

Sería una buena idea buscarse un amiguete en la Fundación Movilidad y hacerle la rosca para ver si acelera el necesario carril bici en ejes como la calle Alcalá, Gran Vía – Princesa y, ya puestos, Ascao – Marqués de Corbera y García Noblejas.

Intentaré estar un poco pendiente de lo que se mueve en las organizaciones biciclistas de la ciudad.

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30 Junio 2008

Emilio escribe un blog

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¡Menudo descubrimiento! Después del disgusto por el cierre de aquella mítica web www.ambientologo.com, resulta que Emilio ha estado escribiendo un blog… calladito se lo tenía.

Conocí a Emilio en los foros de cienciasambientales.com. En los tiempos en que la PACA no era un rincón olvidado de internet… ¿Sería el siglo pasado? Por aquel entonces yo todavía era miembro de ACA y conducía un BX que recibió un diploma por llevarme, ¿en calidad de observador?, hasta algún debate sobre la profesión en Granada.

¿Alguno conoce un vehículo que tenga un diploma de asistencia a unas jornadas? Pues aquel BX (el ACA móvil, el alćon milenario que me gustaba llamarlo hasta que las amigas de mi pareja lo rebautizasen “la patera”), antes de pasar a ser un vehículo al final de su vida útil, consiguió algo parecido.

Y es que 10 años no es nada, pero han pasado muchas cosas.

Emilio y Alberto con el diploma del BX

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11 Junio 2008

Todos blogueros autónomos

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Al final lo van a conseguir. Parece que se lo han tomado en serio. Nunca antes la clase en el poder había estimulado tanto al resto de sus coetáneos para conseguir una revolución. Un par de vueltas de tuerca más y esto saltará por los aires. Si es para mejor, bienvenido sea.

Toda la historia luchando por conseguir derechos humanos y ahora resulta que ni libertad de expresión ni conciliación de la vida personal y laboral. De la vivienda digna, mejor no hablamos.

Del trabajo por cuenta ajena

A pesar de lo que te digan, ni siquiera eres un empleado. Hasta que cambiemos el sistema eres un negocio en ti mismo. Cuando antes te des cuenta mejor: es posible que no te estés saliendo rentable. Te lo han dicho de muchas formas, pero es difícil abrir los ojos. ¿Te haces competencia desleal?

Al sistema económico no le importan las personas. Hasta el extremo que deshumaniza a los elegidos para tomar decisiones. Los aparta tanto de la realidad que acaban haciendo tonterías. Y a los demás no nos queda más remedio que reírselas… que para eso les hemos votado ¿hasta cuando vamos a seguir con este juego?

Es para estar descontento. Y muy indignado.

No me parecería mal que ampliasen la jornada laboral a 65 o más horas,  siempre y cuando supusiera la internalización de los costes del trabajador por parte del empresario. Para rendir en el curro incurrimos en transporte, alimentación, descanso… ok, me pagas 65 horas a la semana en las que incluimos, cada día: 45 minutos de ir al curro, 45 de volver a casa, una hora de comida, otra media de cena, 6 de descanso y un ratito de desahogo de los marrones laborales y despotrique contra el jefe. Ya puestos, en la nómina me incluyes la cuota de la hipoteca por la solución habitacional que necesitamos para que sea rentable trabajar en tu empresa.

¿Te salen las cuentas? Puedo mantenerme vivo con lo que dejas en el cubo de la basura. Mi familia y mis amigos, a esos a los que renuncio por atender a tus clientes, no lo entenderían. ¡Qué dilema!

Vamos con lo de los blogueros

En cualquier disciplina, parece absurdo exigirle a un aficionado más requisitos que a un profesional. No se qué se exige a un deportista de élite para participar en un torneo de tenis. Pero me parece que para pegar un par de pelotazos contra el frontón de la plaza del pueblo debería bastar con la voluntad de los implicados, que saben a lo que se atienen, asumiendo el riesgo de perder una pelota, de partirse un diente de un raquetazo accidental o de tener que pagar (con lo poco que ganan por hacer otra cosa) la ventana de la vecina que no estaba invitada al partido.

Con la información esto no es así, a pesar de que su veracidad es un derecho reconocido en la constitución. Cualquiera puede trasladar a un medio de comunicación de masas las mentiras financiadas por un grupo de interés. Y cobrar por ello sin que le sea exigible ningún tipo de responsabilidad. Con permiso de sus compañeros de profesión, estos se llaman periodistas. Luego están los políticos, también con permiso de los que no se puedan dar por aludidos, que hacen lo mismo pero directamente: mienten sistemáticamente para mantener su cuota de poder. Se escudan en que hace algún tiempo no había otro sistema para representar voluntad popular.

Parece que para ejercer la afición a escribir y compartir información tendremos que cumplir más requisitos y estar sometidos a más normas que los periodistas y los políticos. ¿Te ganas las lentejas con tu blog? Que sepas que calladito estas igual de feo…

Al final, todos blogueros autónomos:

Total que si quieres dedicarte a algo, lo que sea, tienes que conseguir rentabilizarlo monetariamente, porque entre los costes (no necesariamente monetarios) en los que vas a incurrir y el tiempo que vas a necesitar… es mejor sacar tajada de todo lo que hagas distinto de dormir, comer y relacionarte con tus seres queridos (en los que incluiré todos aquellos, familiares o no, con los que te relaciones sin intercambios monetarios de por medio -por separarlo de la prostitución-).

En resumen:

Como otros muchos, tengo la firme sensación de que estamos en un proceso de cambio. Dejamos atrás un sistema rancio y obsoleto que trata de perpetuarse a sí mismo. No se si será una transición, una revolución o una crisis. Los condicionantes del cambio no me gustan mucho. Lo más perverso del proceso es que vamos a una economía de subsistencia (incluyendo la autosuficiencia energética) y algunos privilegiados que lo saben se dedican a subsistir a costa de los demás. ¡Malditos ladrones!

En fin, muchos temas en uno. Y bien calentitos. Espero que no se os resultase demasiado largo… y que os queden fuerzas para hacer algún comentario.

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4 Junio 2008

¿Te tratan bien?

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Julen anda moviendo la conversación digital para el World Cafe del 5 de junio. No podré estar físicamente ni en directo, pero no me voy a quejar: la “semana del medio ambiente” también se promete interesante.

Se plantean tres cuestiones. No son fáciles de abordar, pero aquí dejo unas notas sobre el protagonismo de las personas en las organizaciones que me gustaría compartir. Disculpen que sea un poco pudoroso, pero no estoy en mi mejor momento.

- Relata una experiencia satisfactoria en tu organización (o en otra que conozcas) en la que las personas hayan sido protagonistas y la organización se haya visto beneficiada:

Experiencias satisfactorias habría muchas, tanto en organizaciones con ánimo de lucro como en otras sin él, con enfoque de servicio público y en el plano estrictamente privado. Pero no siempre es fácil calibrar cómo de protagonistas son las personas ni cómo de beneficiadas salen las organizaciones: diferenciar la realidad física de la jurídica es relativamente sencillo, pero me cuesta más cuando hablamos de las relaciones que se establecen entre esas dos realidades. ¿Beneficios? En ocasiones es una cuestión de escala. Me quedo con la más reciente, pero no es la única.

¿Te han tratado bien? Es una pregunta que suelen hacerme cuando, puntualmente, participo en un grupo de trabajo, a través de la organización que contrata a la empresa para la que trabajo. La pregunta suele responderse con un sí. Voy allí en calidad de técnico, a compartir con otros técnicos. Sin chaquetas ni colores. Es difícil, porque, de algún modo, queda latente un cierto prejuicio… ¿tú de quién eres? ¿de dónde vienes? ¿quién te manda? Suelo llevar buenas referencias, que eso también ayuda.

Los protagonistas de la experiencia son personas que se reúnen a revisar un Módulo de Sensibilización Ambiental o a reflexionar sobre la repercusión de las ocupaciones del sector ambiental en el empleo. Un grupo de trabajo que pone en común experiencias, inquietudes, ilusión…

El beneficio para la organizacióndepende de la escala y de la realidad jurídica que analicemos. En última instancia, la sociedad se beneficia de los resultados y de la retroalimentada motivación que aportan estas experiencias a las personas que participan en ellas. Las organizaciones representadas pueden ganar en diversos aspectos… sacrificando en otros. Y la empresa con la que yo tengo el vínculo jurídico directo… pensaremos que refuerza la relación con su cliente, pero monetariamente…

Podríamos haber trabajado más o haber conseguido mejores resultados, pero cuando conseguimos viajar juntos y olvidamos de la menta, la satisfacción personal tiende a infinito

- ¿Qué cambios deberían darse en nosotras/os como individuos y en nuestras organizaciones para que sean empresas centradas en la persona?:

Los cambios, sin lugar a dudas, deberían comenzar en los individuos. Creo que es imprescindible que las personas se centren en las personas para que las empresas puedan centrarse en las personas. La empatía es un recurso cada vez más escaso, creo no hace falta recurrir a ejemplos sangrantes.

¿Te tratamos bien? Sí, no tengo queja. En la vida profesional se cruzan multitud de relaciones: monetarias, jurídicas, políticas, profesionales, amistosas, sexuales… Muchas veces de forma evidente, otras de forma muy sutil, tanto que se confunden. Personas físicas contra personas jurídicas ¿cual es el conflicto de intereses?

Se nos olvida que la empresa, sobre el interés particular, tiene una razón social que es el motivo de su existencia. Ese motivo puede ser compartir conocimiento. En ocasiones las organizaciones sirven para representar la voluntad de un conjunto, ¿cuanto más amplio mejor?, de personas. Otras veces la razón social es ganar dinero permitiendo la comunicación entre personas, o cubriendo una necesidad básica como alimento, vivienda…

La relación entre la empresa y el currito es de tipo laboral. Y ya se sabe, trabajo es trabajo, pero ¿qué es trabajo? ¿ceder horas de tu vida a cambio de dinero? ¿satisfacer las necesidades del cliente? ¿desarrollar una carrera profesional? ¿un medio para conseguir satisfacer inquietudes personales? ¿para cubrir necesidades monetarias? ¿una forma de mantenerse ocupado? ¿de conseguir prestigio social?

Así las cosas, en última instancia, la culpa de que las empresas no se centren en las personas va a ser de las personas ¿por qué gritamos a la persona que nos atiende en vez de denunciar a la organización para la que trabaja? ¿por qué despreciamos la opinión del cliente frente al criterio corporativo? ¿qué ganamos con favorecer al compañero (cliente interno) frente al cliente (compañero externo)?

¿Cómo se van a centrar las organizaciones en las personas si las personas que trabajan en ellas están centradas en la hipoteca, el partido (elija: deporte o política), la competencia (elija: entre organizaciones o entre personas), el beneficio particular (elija: monetario, reconocimiento…)? El egoísmo, como el beneficio, vuelve a ser cuestión de escala: piensa globalmente y actúa localmente. Pero no sólo desde el punto de vista geográfico.

- ¿Cuáles serían los primeros pasos que deberíamos dar como individuos y como organizaciones para transitar hacia este tipo de empresa?

Si estuviese en mi mano, en las empresas promovería un individualismo empático: trabaja y deja trabajar.

De momento estoy intentando aplicármelo, que no es del todo fácil.

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3 Junio 2008

We got it goin’ on

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Llevaba unas semanas sin salir de sarao y se echaba en falta. No me he ido a la Francia profunda y encantadora, pero no me puedo quejar de fin de semana: mi pareja me ha llevado de concierto a Barcelona. Yo tampoco soy era muy aficcionado a Bon Jovi, pero he disfrutado como un enano. Y no sólo de la velada musical.

No se cuantos kilómetros se pueden caminar en Barcelona un fin de semana, pero nosotros los paseamos todos. Conseguí agotar la batería de la cámara de fotos mucho antes de lo previsto. Para dos días… no me llevo el cargador… del concierto tengo un maravilloso recuerdo, agujetas en lugares insospechados, lo que sacamos con el móvil y lo que se va dejando caer por la red, que no es poco.

Uno de los momentos místicos del fin de semana, arropado por el aroma de los tilos en flor de la Rambla de Cataluña, fue descubrir cómo se transmiten las emociones y la empatía más allá de los idiomas. Mi chica me hizo ser consciente de aquel olor familiar. Al pararnos a comentarlo, una pareja que caminaba un par de pasos por detrás de nosotros se detuvo y nos preguntó. No se si conseguí hacerme entender con mi inglés de nivel medio, pero fue suficiente para compartir unos instantes mágicos con aquella otra pareja que descubría el aroma del tilo en flor.

Visita en detalle a la Sagrada Familia, a la “Catedral del Mar”, (irán apareciendo en Flickr) comida romántica en la “plaza de las palmeras“… una cerveza sin alcohol

Desde nuestro asiento

Pegando botes

Total, que después de un par de horas de teloneros, convenciéndonos de lo bueno que era nuestro sitio y lo bien que estábamos allí sentaditos, una estampida incontrolable  al principio de la actuación de Bon Jovi nos arrastró al barullo a pegar botes.

Hasta conocer a mi chica, las referencias a Bon Jovi se reducían, básicamente, a las cintas que mi prima llevaba al pueblo en verano y una fiesta con versiones electrónicas del “allways” en el desaparecido Die Mauer, The Wall, Virtual Sound o como se llamase en aquella época. El domingo tocaron todas las que me sabía y las que he ido aprendiendo por el camino. Disfruté como un enano y, aunque no sabía que pudese ocurrir, he vuelto con agujetas hasta en la barriga (tengo que empezar a tomarme en serio lo de ir a trabajar en bici).

Tras un par de horas de sueño, escasamente tres, el lunes comenzaba con responsabilidad ambiental.

Por cierto, ya tenemos funcionando el participatron, se me olvidó incluir la palabra beta por algún lado, pero bueno… No se si nos animemos, pero el amigo Pablo lo ha anunciado en un lugar privilegiado.

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