Parece (se supone que emiten a las 19:00 pero no aparece en la página de programación prevista para hoy) que el homenaje a los que ya no están servirá para poner, en el portal rtve.es, a disposición de todos el legado audiovisual de los pioneros de la divulgación ambiental en España.
Me queda la duda de si la reposición servirá para que nos volvamos a emocionar con los paisajes del río Dulce y el patrimonio natural que no estamos sabiendo conservar o si simplemente alimentará nuevas polémicas sobre animales actores.
En cualquier caso conviene recordar que la vida sigue y 30 años después las nuevas tecnologías se ponen del lado de los que siguen haciendo divulgación ambiental y construyendo nuevos modelos de desarrollo.
Entre las costumbres de estas fechas, se ha convertido en un clásico celebrar el paso del 30 al 31 de diciembre. Consiste en un ritual para recibir como se merece el último día del año. En su versión completa incluye: cortilandia (lo omito siempre que puedo, mi religión me impide asistir a tan grotesco espectáculo); vuelta por la Plaza Mayor, con paradita para vermut, caña o refresco; bocata de calamares crudos con pan de ayer y su lata caliente de lo que quede (no tiene por qué ser literal, pero el exceso de demanda hace que algunos años la experiencia no sea lo que uno espera); pisotones hasta la Puerta del Sol y las 12 gominolas a ritmo de las campanadas.
Este año la lluvia (que dio un descansito a la hora adecuada), el final de las obras y Rubalcaba, han conseguido que el evento estuviese menos masificado que de costumbre, por lo que los accesos y salidas a la Puerta del Sol han sido mucho más ligeros que en los últimos años.
Lo malo de esta celebración es la resaca: levantarse el día 31 pensando si la retransmisión de las campanadas desde la Puerta del Sol realmente es en directo o se deja filmada la noche antes para que Belén Esteban y Ramón García puedan tomarse las uvas en casa… Por cierto, yo venía a programar una entrada para felicitarles la entrada en 2010, pero mejor… se den por felicitados: pasen una buena noche y que el nuevo año les traiga lo mejor.
“¿Vas ha escribir una entrada en tu blog sobre la peli?” Y aquí estamos Sara y Alberto a cuatro manos sobre el teclado. Hace demasiado frío como para estar zascandileando por la calle. El último párrafo revela, indirectamente contenidos argumentales, quedas avisado. Habíamos visto la flipada del trailer: efectos especiales a cascoporro. Mogollón de publicidad en los informativos de televisión: ¡La peli más cara de la historia! ¿Un rollazo ecologista para limpiar la conciencia de Cameron, después del estropicio de Titanic?
Hemos entrado al cine sin esperar mucho, pero hemos salido gratamente sorprendidos. De esperar una historia sin argumento a ver una película bien estructurada, interesante, bien resuelta, entretenida y agradable. Es de esas películas que realmente son para todos los públicos, igual no para niños muy pequeños, tanto por la duración como por la violencia de algunas escenas. Tal vez no para afirmar que “posiblemente sea la mejor película de la historia del cine”, como hemos escuchado a la salida, pero se deja ver.
Es una lástima que la moralina ecologista que destila la peli quede en el plano de la ficción. Pandora es el reflejo directo de lo que ocurre en muchos lugares de nuestro propio planeta, en nuestro continente, incluso en nuestra misma comunidad autónoma o en nuestra ciudad: la tragedia de los comunes. Sorprende lo fácil que es emocionarse con un muñeco azul en la pantalla del cine y lo difícil que resulta entender la situación de personas que a diario son expoliadas de lo poco que tienen para mantener un sistema decadente, que valora el lujo material por encima de cualquier tipo de afecto. Y no hablo de tribus en el Amazonas, podríamos hablar de mileuristas que curran de sol a sol en la oficina, privados del contacto con su familia, sus lugares de origen o del tiempo necesario para llevar una vida saludable… al objeto de que sus representantes coman calentito… qué se yo, en Copenhague. Si queremos conseguir algo distinto, tal vez tenemos que empezar a plantearnos formas diferentes de gestionar nuestro territorio, si es que estamos a tiempo de evitar algo.
Volviendo a la ficción, aquí van algunas pistas, por si eres sensible a que te destrocen la peli antes de verla (sólo un poquito):
¿Te gustó Eragon? a nosotros no mucho, pero aquí hay un guiño entrañable.
El espíritu de La Princesa Mononoque campa a sus anchas por Pandora.
Batallas épicas resueltas en un cruce entre El Señor de los Anillos y La Guerra de las Galaxias… pero sin sables láser.
La eterna y clásica revisión del conflicto entre los buenos y los malos, cruce de un western moderno y Harry Potter o Matrix pegada al terruño.
En cuanto a la acción, totalmente videojugable, como la última de Indiana Jones.
Y porque me mola, también me da un aire a El Último Mohicano (Sara no está de acuerdo, es que la ha visto menos, dice que se duerme siempre).
Visitar un hayedo al sur del Sistema Central es todo una odisea. La conservación impone limitación a las visitas y… ya se sabe… lo escaso atrae demanda.
Especialmente si el lugar tiene el encanto de estar rodeado de polémicas sobre si se encuentra más o menos al sur que otros similares o de si realmente constituye una comunidad vegetal que pueda recibir una denominación particular. Porque si no te reconocen como parte de un grupo no puedes ser el representante de ese grupo que está más al sur de ninguna parte…
Con un poco de suerte nos veremos por allí en primavera. Pero si me pierdo, buscarme en algún lugar desde el que, a ser posible, se pueda contemplar el bosque.
Después de unos días de reajuste horario, peleas con mi proveedor de servicios de acceso a internet y horas delante de la pantalla, he conseguido colgar unas cuantas fotos de dos semanas de vacaciones en China.
El viernes por la tarde fuimos a ver Control, sobre la vida del cantante de la banda “post-punk” Joy Division, Ian Curtis.
A la vista de la ocupación de la sala, un grave error que la película tardase tanto tiempo en llegar a nuestras pantallas. Supongo que la limitada aceptación de “24 Hour Party People“, en la que Ian Curtis y su banda también tienen un papel importante, ha condicionado la decisión de los que programan la cartelera. Recuerdo haber visto el “documental” gamberro de Winterbottom en una sala donde no sumábamos más de una docena de personas. Ayer el aforo alcanzaba un porcentaque que no recuerdo hace tiempo. Igual es el tirón de la versión original subtitulada.
Siguiendo con las odiosas comparaciones, mientras “24 Hour Party People” es un repaso a la evolución de la múscia del punk a house con la ciudad de Mánchester de fondo, Control es la historia de la vida de un joven con sus pasiones, sus sufrimientos, sus amores… Si bien la primera es recomendable para los aficionados a la música de New Order, la estrategia de dirigir la segunda cinta a los seguidores de Joy Division me parece una técnica comercial bastante mala.
Cualquiera que quiera una tarde de buen cine y palomitas puede pasar por taquilla sin arrepentirse. En contra de lo que se ha leído, el blanco y negro no hacen oscuras ni la película ni la historia. Sí es oscuro el personaje y la forma de llevar su crisis de madurez, como puede ser un poco oscura la música del grupo. El filme también es una buena manera de acercarse a temas míticos como “Love will tear us apart“.
Si quieres leer más sobre la película puedes seguir este enlace y, en el apartado “prensa”, descargar unas 40 páginas en pdf de “pressbook”.