productor de sostenibilidad

23 enero 2010

La foto del lobo y la naturaleza sin retoques.

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Ecolo-gate” de la semana: la foto del lobo actor. Está claro que si no se cumplen las normas de un concurso, pues no se cumplen y hay que descalificar al tramposo. Me inquieta que “la estafa” resulte polémica por presentar una escena artificial, cuando a diario se reenvían por correo electrónico cientos (¿de miles?) de veces archivos de pase de diapositivas que pretenden resaltar no se qué virtudes de un mundo natural que no existe. Salvo después de horas de retoque fotográfico. Eso sí, cuando nos muestran la trampa ponemos el grito en el cielo por un lobo o un águila actores. Y eso que, por lo menos, existen de verdad.

Para muchas personas el único contacto que tienen con la naturaleza es el que se da a través de las visión retocada que se ofrece en los medios de desinformación masiva. Y es un problema, porque cuando salen al campo se decepcionan. Y preferirían que estuviese asfaltadito, para no tropezar con las piedras ni engancharse con las zarzas del camino.

El otro aspecto que me inquieta de la noticia es el argumento utilizado para descartar la fotografía: posiblemente, un lobo en estado salvaje no se comportaría como aparece en la imagen. Una lástima que este mismo argumento no sea utilizado a la hora de poner en marcha instrumentos de conservación y gestión del medio natural, en los que se asume que la fauna salvaje va a comportarse como lo harían el que diseña la autovía o marca los límites de protección jurídica.

Debe ser que los toman que las decisiones prefieren la realidad de pagüerpoin. ¿Por qué no les descalificamos?

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1 junio 2009

Monsanto, transgénicos y decisiones sobre el hambre en el mundo.

Cuando se habla de incentivos perversos, la imaginación se relaja y viaja a peliculeras historias conspiranoicas. Pero no hace falta irse lejos para encontrar ejemplos que ilustran las ineficiencias en un sistema de toma de decisiones basado en indicadores monetarios. Hoy toca la agricultura transgénica, el hambre en el mundo y las corporaciones multinacionales. De la mano de un artículo leído en grist.org.

Para los que no estén en el tema conviene introducir explicando (como muy bien hace Tom Philpott) que Monsanto es a la industria agrícola lo que Microsoft al mercado del software. Según el artículo enlazado, en los tres primeros meses de 2009 esta multinacional habría invertido 2 millones de dólares en apoyar una iniciativa para promover el uso de semillas modificadas genéticamente en países en desarrollo.

El hambre en el mundo es un asunto que inquieta a la mayoría de la población y parece que cualquier iniciativa para acabar con ella está bien vista. Por ello intentar demostrar que la agricultura transgénica no es la solución resulta bastante complejo. A pesar de que es evidente que la seguridad alimentaria es un asunto de redistribución, no de producción. Pero esto es todavía más complejo de explicar.

Nos quedaremos con que estos días Monsanto también es noticia porque sus soluciones para la agricultura están quedando fuera de juego. Monsanto estaría perdiendo mercado debido a que alguno de los genes de resistencia a los herbicidas ha saltado de sus granos transgénicos a las malas hierbas. El “problema” es doble: el tiempo va dando la razón a los que alertan sobre los riesgos de los cultivos transgénicos y, por otro lado, lo que parecía una solución a los problemas de la agricultura intensiva conseguirá intensificar los problemas de la agricultura (me perdonen la redundancia).

En resumen: las empresas están para hacer dinero. El común de nuestros problemas como seres vivos no son monetarios, por lo que no estaría mal considerar otros indicadores a la hora de tomar decisiones. Del mismo modo, conviene que no sean intereses privados los que condicionen las medidas tomadas en virtud del interés público.

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8 diciembre 2008

¿Antinuclear?

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El tema ya había asomado a la blogosfera por el blog de hontza. Y a pesar de que no resulte muy original, me permitiréis dedicarle unas líneas al tema. Todavía no termino de tener claro si soy antinuclear. Sí se que estoy a favor de la autosuficiencia energética, por favor.

El caso es que la gente de Greenpeace se ha tomado en serio el asunto nuclear y merece la pena echarle un vistazo a algunas de las lecturas que han preparado sobre el tema.

Para completar el decálogo antinuclear, tenemos respuestas a la pregunta ¿Por qué digo no a la energía nuclear? También recomendable el informe “Una energía sin futuro. Desmontando las mentiras de la industria nuclear“. Interesante reflexión sobre afirmaciones del estilo “La energía nuclear es la solución al cambio climático”, “La energía nuclear es la solución a la dependencia del petróleo”, “La energía nuclear es positiva para los países en desarrollo”, o “La energía nuclear es limpia”.

No todo es en negativo. Los que necesitamos alternativas disponemos, para empezar, de un folleto informativo con los aspectos fundamentales de la Revolución Energética: Una perspectiva energética mundial sostenible. Si te va la marcha, los informes renovables 100%, dan para un rato de lectura.

Y todo esto sin entrar en el asunto del cambio climático, que da para otras campañas.

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24 julio 2008

Las bicicletas ¿son para el verano?

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Ya volví de mis quince días, que esta vez no han sido en agosto. Hay mucho que contar, pero será otro día. Hoy toca movilidad sostenible.

No se muy bien si para llevar mejor la re-entrada, para estar a la moda o como respuesta a las últimas medidas tomadas para incentivar el uso del transporte privado, he ido a trabajar en bici. Llevo bastante tiempo dándole vueltas pero no me decidía: hoy ha sido mi primer día.

Las motivaciones.

Cada cual tendrá las suyas, pero la anunciada subida de las tarifas del transporte público empieza a ser un buen motivo para plantearse alternativas. Aprovechar el trayecto del trabajo para hacer algo de deporte, tampoco es un mal motivo. En última instancia está la idea de acostumbrarme a moverme por la ciudad de una forma distinta.

El coche es una opción cara y contaminante. Pero el, cada vez más saturado y caro, transporte colectivo (que no tan público como debiera) hace algún tiempo que me resulta bastante hostil. En verano se suma el problema de la climatización ¿de verdad son necesarias esas corrientes de aire frío que dejan seco al más pintado?

Los acostumbrados cierres veraniegos y el consecuente aumento del tiempo de desplazamiento, también son un buen motivo para cambiar de modo de transporte.

Hablando de todo un poco, no entiendo como el cambio de la tarifa actual, no es una noticia de actualidad para una empresa certificada en sistemas de gestión que incluyen requisitos de comunicación con los clientes. Claro que igual el problema está precisamente en ese aspecto ¿qué es la comunicación con el cliente? o, mejor todavía, ¿quienes son los clientes del Metro de Madrid?

Yo me he enterado por la prensa de la inminente subida del precio del metrobus. Lo de hacerlo con agostosía debería ser un agravante que, sumado al resto de causas pendientes, justificaría una huelga general e indefinida, pero como nos pilla de vacaciones…

La bicicleta.

Mi nuevo medio para desplazarme libre por la ciudad se llama ubuntu. Lo primero que hice cuando la compré fue ponerle unas pegatinas, curiosamente, las primeras con el logotipo de este sistema operativo, unas de esas que te envían cuando pides los CDs.

Ya tenía una bicicleta, pero he decidido hacerme con otra. El motivo básico es que la que poseía tiene demasiado valor sentimental como para dejarla “tirada” en la calle durante toda la jornada laboral. Por otro lado, mi anterior bicicleta no es una maravilla, pero podría resultar atractiva para algún amigo de lo ajeno.

Así pues, ayer me acerqué a un centro comercial. Coincidía que tenían una bicicleta al precio más barato que he visto en los últimos meses. Por 75 euros me llevé un “hierro” de 26 pulgadas. Frena bien, los cambios son correctos… le pediría un plato un poco más grande, y unos pedales un poco más sólidos, pero para dejarla atada en cualquier farola (en Madrid el aparca-bicis no se estila mucho) es más que suficiente.

Al precio de 7 euros el billete de diez viajes, necesito alguno menos de 110 trayectos para amortizar esta inversión. Si voy a trabajar a diario en bici esto supone 2 meses y 3 semanas. Por lo que, si la economía lo permite, antes del invierno habré recuperado el valor de mi inversión.

Para ser honesto, a la cuenta anterior tendría que añadir unos euros invertidos en cadenas, una barra y su sillín. El cuadro de la bici ha resultado ser un poco bajo, por lo que esta misma tarde he comprado (en una tienda del barrio) una barra un poco más larga y, ya puesto, un sillín un poco más ergonómico, por la próstata y esas cosas que empiezan a preocupar cuando uno se acerca peligrosamente a los 30.

No descarto seguir personalizando la bicicleta y añadirle algunos accesorios en un futuro más o menos próximo.

La experiencia.

Esta mañana he salido de casa más o menos a la misma hora que otros días, pero con mi casco en la cabeza. En vez de ir a la boca del metro (cerrada por obras) he bajado por la calle Ascao montado en la bicicleta. El destino, la calle Princesa, queda a un poco más de 7 kilómetros según algún callejero disponible en internet. Nada que no hiciese cualquier día de verano durante aquellas vacaciones adolescentes que transcurrían, permanente e inevitablemente, sobre el sillín y dando pedales.

Tenía varias opciones, pero he optado por bajar hasta Marqués de Corbera, buscando el “carril bici” que va por O’Donnell, para disfrutar del lujo de atravesar por el parque del Retiro hasta la puerta de Alcalá. Desde allí a Cibeles, Gran Vía… y la casa del cliente de mi jefe (o el sitio donde curro, que también lo llamo cariñosamente).

No he controlado los tiempos. Al ir he tardado, en la parte común del trayecto, lo mismo que el autobús 28, al que he adelantado en Ascao. Me ha pasado cuando subía buscando O’Donnell, pero le he dado alcance y adelantado en el tramo del Retiro. El caso es que he salido de casa como de costumbre y cuando he llegado a la oficina todavía no estaban algunos de los que suelen fichar antes que yo.

A la vuelta me he cruzado con un colega que llevaba un par de años sin ver. Salía de su curro en la calle Ibiza, y he echado un rato de cháchara.

Aproximadamente, creo que he bajado de los 30 – 40 minutos en metro, a unos 20 – 30 en bici. Si algún día me da por medirlo lo dejaré por aquí, pero he de confesar que no suelo utilizar reloj.

Otra filosofía.

Lo que he aprendido esta mañana es que ir a currar en bici es otra filosofía. Un poco rollo slow down. Normalmente, cuando monto en bicicleta por deporte suelo “darle caña” para machacarme un poco. y descargar la fiera que llevo dentro.

El truco de los desplazamientos urbanos es otro. Disfrutar del trayecto, ir pendiente del tráfico, descubrir detalles de los que el metro te oculta… pararte a charlar si surge. La cosa no va de pegarse la paliza. No dan puntos a la regularidad, ni hay etapas cronometradas. Se trata de otra forma de moverse. La competición es contra el consumo de combustibles fósiles, las emisiones de gases de efecto invernadero, la masificación y despersonalización del transporte colectivo…

Planes futuros.

Después de la experiencia tengo claro que voy a seguir utilizando a ubuntu para ir a currar, así como para otros desplazamientos urbanos.

Tengo que hacerme con alguna mascarilla o filtro… respirar los gases de escape de los autobuses, las motos y los todo terreno no es muy agradable.

Sería una buena idea buscarse un amiguete en la Fundación Movilidad y hacerle la rosca para ver si acelera el necesario carril bici en ejes como la calle Alcalá, Gran Vía – Princesa y, ya puestos, Ascao – Marqués de Corbera y García Noblejas.

Intentaré estar un poco pendiente de lo que se mueve en las organizaciones biciclistas de la ciudad.

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18 febrero 2008

Grapadora sin grapas

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Si el producto más ecológico es el que no se fabrica, aquí tenemos lo que está cerca de ser la grapadora ecológica. No podemos ponerle ese adjetivo porque para ello tendía que cumplir los requisitos de la normativa europea. Lo dejamos en la grapadora sin grapas.

Grapadora sin grapas

Es todo un invento para juntar grupos de un número limitado de hojas. Las perfora, saca el doblez, lo mete por una ranura… sin necesidad de aportes complementarios de material, tal y como se ve en esta otra foto:

 

Hojas grapadas sin grapas

El pichigüili ideal para Administraciones públicas con competencias ambientales que no tengan otra cosa mejor para agasajar en la que gastarse nuestros cuartos.

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12 febrero 2008

Trabajar menos para disminuir la huella ecológica

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Alorza propone trabajar menos para innovar más y tiene mi voto incondicional en las 1001 ideas. No sólo eso. Me propongo aportar un granito de arena a esta buena causa.

Trabajar menos no sólo es bueno para la innovación, salud pública (trabajo mata) y el bienestar social. El tiempo es el factor más limitado en nuestras vidas y el que más condiciona nuestro modelo de desarrollo. Por eso, trabajar menos puede disminuir la huella ecológica y evita el calentamiento global. Se me ocurren algunos hábitos insostenibles que podrían cambiar con sólo quitarle un poco de tiempo a la actividad de ganar dinero:

Consumo:

Tal vez podríamos reducir el consumo de bolsas de plástico si, en vez de concentrar la compra en el primer domingo del mes y en una gran superficie comercial, pudiésemos disponer todos los días de un rato para comprar en las tiendas del barrio. Esto, a su vez, nos ayudaría a fomentar producciones locales y al consumo de alimentos frescos, frente a productos elaborados y polienvasados que las economías de escala exponen en los centros comerciales.

De vuelta a las bolsas de plástico, conviene recordar que su función básica es repartir la carga que va del carrito del hipermercado al maletero, del maletero del trastero, del trastero al armario empotrado del pasillo y del armario al punto de consumo en nuestro hogar. Si repartimos la compra a lo largo del mes, ni necesitamos llenar el maletero de nuestro vehículo particular, ni bolsas de plástico (nos podríamos apañar con un atillo, o una bolsa de tela). Doble beneficio ambiental: menos consumo de recursos y menos emisiones atmosféricas.

Participación:

Siguiendo con los beneficios de dejar el vehículo particular para ir a la compra, gracias a la reducción concentración de la jornada laboral, tendríamos el paseo diario por el barrio, que nos permitiría un mayor conocimiento e implicación con nuestro entorno, lo que tal vez ayudase a una mayor integración social y un fomento del espíritu participativo tan necesario para el desarrollo de iniciativas de corte ambiental, como son los procesos de participación en procedimientos de información pública, actividades de Agenda 21 Local, o la recogida selectiva.

Si cada ciudadano contase con un rato para echar un vistazo diagonal a los Estudios de Evaluación Ambiental en información pública, podría comprobar si tiene algo que aportar o si está afectado. ¿De que sirve colgar en internet los tochos que presentan los promotores de proyectos si nadie puede mirarlos?

En cuanto al tema de la Agenda 21 Local, está claro. Deberíamos poder distribuir nuestro tiempo de trabajo para acudir a los foros de participación ciudadana de nuestros barrios, leer y opiar sobre los documentos de diagnóstico y participar en los planes de acción ¿acaso hay algo más importante que ser parte activa de nuestra realidad local? ¿qué sentido tienen los procesos de Agenda 21 si ocurren mientras los ciudadanos están encerrados en sus puestos de trabajo?

Y la recogida selectiva. Nadie tiene tiempo de llevar su aceite usado al punto limpio. La solución es clara y evidente: más tiempo para que los ciudadanos puedan utilizar adecuadamente las instalaciones de recogida de residuos.

Conocimiento:

Los teóricos plantean, y los juristas lo recogen en la normativa: no se puede conservar lo que no se conoce. Un poco de tiempo para leer, ver esos documentales que ahora dormimos, pasear por el campo, visitar espacios naturales… es necesario para conseguir una mejor concienciación ambiental y una participación efectiva de la ciudadanía. ¿Para qué nos sirve el etiquetado ecológico de productos y servicios o la agricultura ecológica si los consumidores no saben qué significa o no pueden estarse a buscarlo en las estanterías del supermercado?

Economía:

¿Te parece que todo esto es caro? ¿no sería rentable económicamente? Como ciudadanos, disponer de nuestro tiempo nos puede ayudar a reducir consumo superfluo. El gasto más importante que eliminaríamos es el que realizamos para intentar reemplazar el tiempo que no nos dedicamos porque (recursivamente) estamos dedicando tiempo a ganar dinero con el que consumir para reemplazar el tiempo que no nos dedicamos. No nos lo dedicamos los unos a los otros, ni nosotros a nosotros mismos.

No conozco a nadie que se hiciese rico trabajando. Puedo subsistir mejor trabajando menos tiempo. Se que es una opción muy personal, pero también se me antoja bastante racional, que en el fondo es de lo que va la economía. No debemos confundir valor monetario con valor económico. El dinero de puede mover de muchas formas, la cuestión es si esos movimientos aportan algo a nuestra calidad de vida a largo plazo o sólo a la de unos pocos en el momento presente.

Ya lo dijeron a mediados del siglo pasado y no me extrañaría encontrar referencias anteriores. Bertrand Russell cometió el error de llamar “Elogio de la ociosidad” lo que debería ser el texto central del estatuto de los trabajadores. Si hubiese elegido algo del estilo “optimización del tiempo de trabajo como factor de producción” o “maximización del tiempo libre del currela medio como factor clave del consumo” otro gallo nos cantaría.

Seguiremos practicando entonación…

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