productor de sostenibilidad

27 Febrero 2009

Sostenibilizarte.es reloaded

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Todo empezó cuando Diego me escribió para que viese su famosa foto del butanero de Lavapiés (y la de los chicles de postdamer platz y la del ampelmann). Yo le pasé el enlace de esa galería de fotos que estoy montando. La había puesto en un servidor gratuito, para probar…  alguien se me había quejado de que la página cargaba un poco lento, pero Diego me avisó de que le redireccionaba a una página de publicidad.

A base de probar comprobé que, efectivamente, el alojamiento era gratuito y sin publicidad, pero con trampa: de vez en cuando en donde deberían aparecer mis imágenes aparecía otra cosa. Así que ayer por la tarde me puse a cacharrear y pasé las fotos a su nuevo alojamiento, hasta nuevas incidencias.

De momento hay dos galerías, una de fotos de naturaleza y otra para imágenes de paseo por Madrid.

Ya puestos, si les gustan los fotoblogs de ambientólogos, les recomiendo el de Sergio y el de otro Diego.

Que ustedes las disfruten.

24 Febrero 2009

Saviano y la gestión de residuos: Gomorra.

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Acabo de terminar de leer “Gomorra” el libro de Roberto Saviano. Había tenido curiosidad, sobre todo a raíz de aquellos incidentes con la recogida de basura. La definitiva fue hace unas semanas. No tanto por las noticias de la gestión patria de residuos como por la señal: esa contraportada de una edición de bolsillo que, desde la estantería de un centro comercial, me susurraba a la altura de la vista:

“La Camorra napolitana, el Sistema, es una organización empresarial con ramificaciones por todo el planeta, incluyendo muchas ciudades españolas. Se ocupa de negocios muy diversos: desde la industria textil hasta el reciclaje de residuos, pasando por la droga o la especulación urbanística.”

La lectura no defrauda. Escéptico como siempre, he tenido que llegar hasta el final para encontrar el premio:

“Una de las mayores habilidades de los stakeholders es la de saberse de memoria el CER y comprender cómo manejarse con él. Eso les permitía saber cómo tratar los residuos tóxicos, cómo eludir las normas, cómo ofrecer a la comunidad empresarial atajos clandestinos.”

No he podido más que sentirme identificado. Nunca conseguí lucrarme prestando, durante procesos de auditoría, el sonrojo de mis mejillas y conocimientos del Catálogo Europeo de Residuos a empresarios cuya única obsesión era conseguir el sellito, sin importar el comportamiento ambiental de sus organizaciones. Del cumplimiento normativo mejor no hablamos, claro está.

El éxito de Gomorra, según el propio Saviano, no está tanto en lo que ha escrito como en la difusión que ha tenido:

El libro gusta a la crítica y a los expertos, pero también a los chicos de los clanes de Nápoles, generalmente poco habituados a leer. “Lo más hermoso”, dice, “fue ver a los camellos de Secondigliano (barrio de Nápoles controlado por la Camorra) con mi libro en las manos”.

Gomorra es un ensayo novelado cuya lectura en el metro puede llegar a ser un poco complicada, sobre todo si uno quiere estar atento a los detalles: el texto está salpicado de listados de nombres de municipios y personas sobre las que el autor cuenta todo tipo de detalles morbosos. Por cierto, no voy a ver la peli. De Gomorra quiero quedarme con lo que tiene de generalización. No me interesan tanto los ríos de sangre en la Caserta italiana como la extrapolación que puede hacerse de lo que allí ocurre a cualquier ámbito de mi vida como trabajador, consumidor… persona que subsiste en el mundo que nos ha tocado vivir.

Teniendo en cuenta que lo que se relata hay que encajarlo en un contexto global, en la globalización del tráfico de capital y mercancías en un mundo de personas esclavas del lugar donde cobran la nómina a fin de mes, creo que no merece la pena quedarse con los detalles escabrosos. La lectura del libro es interesante como reflexión sobre algunos conceptos que tenemos implantados en el imaginario colectivo:

“Sistema, un término que aquí todo el mundo conoce pero que en otros sitios todavía no ha sido descifrado, una referencia desconocida para quien no está al corriente de las dinámicas del poder de la economía criminal. Camorra es una palabra inexistente, de policía. Utilizada por jueces y periodistas, y por guionistas. Es una palabra que hace sonreír a los afiliados, es una designación genérica, un término de estudiosos, relegado a la dimensión histórica. El término con el que se refieren a sí mismos los pertenecientes a un clan es Sistema: «Pertenezco al Sistema de Secondigliano». Un término elocuente, un mecanismo más que una estructura. La organización criminal coincide directamente con la economía, la dialéctica comercial es la osamenta del clan.”

Es un libro es un tratado sobre los incentivos perversos y externalidades en la economía real. Nada de constructos teóricos como el mercado ideal ni lindezas por el estilo con las que anestesian al personal en las escuelas de negocios: una oda al freerider. Solemos pensar que las personas que forman organizaciones terroristas, clanes mafiosos o tramas de corrupción y espionaje son mala gente, tarados mentales…

“No es el cine el que escudriña el mundo criminal para captar los comportamientos más paradigmáticos. Sucede exactamente todo lo contrario. Las nuevas generaciones de boss no tienen una trayectoria típicamente criminal; no se pasan los días en la calle imitando al chulo del barrio, ni llevan un puñal en el bolsillo, ni tienen cicatrices en la cara. Miran la tele, estudian, van a la universidad, se gradúan, viajan al extranjero y, sobre todo, se dedican al estudio de los mecanismos de inversión.”

El libro de Saviano muestra cruda y amargamente la naturalidad con la que se diluyen los límites cuando todo se mide en términos de éxito y fracaso. Gomorra también va de lo ingenuo que resulta confiar ciegamente en las instituciones, de lo fácil que es romper las reglas que mantienen el juego del interés colectivo en favor de un interés particular:

“Allí donde haya un espacio con un propietario puede haber un vertedero. También son elementos necesarios para el funcionamiento de todo el mecanismo los funcionarios y empleados públicos que no controlan ni verifican las diversas operaciones, o conceden la gestión de canteras y vertederos a personas claramente integradas en organizaciones criminales. Los clanes no tienen que hacer pactos de sangre con los políticos, ni aliarse con partidos enteros. Basta con un funcionario, un técnico, un empleado, con cualquiera que desee aumentar su sueldo, y para ello, con extremada flexibilidad y silenciosa discreción, se las arregle para que el negocio salga adelante en provecho de todas las partes implicadas.”

Me pasaría toda la tarde citando trozos por el método copia pega de la versión digital con la que me he tropezado buscando  alguno de los enlaces de esta entrada, pero te dejo este último párrafo y me voy a atender mi vida 1.0:

“Tenía las manos rojas y los nudillos agrietados. Como a todos los camioneros que se pasan horas al volante, se le helaban las manos y tenía mala circulación. La expresión de su cara no era serena, había escogido ese trabajo por despecho, por despecho a su destino, una patada en el culo a su vida. Pero era imposible seguir soportándolo, aunque mandarlo todo al diablo significaba vivir peor. Mientras comíamos, se levantó para ir a saludar a unos amigos. Dejó la cartera encima de la mesa. Vi sobresalir una página de revista doblada en cuatro. La desplegué. Era una foto, una portada de Angelina Jolie vestida de blanco.”

No tengo muy claro si colocar a Saviano entre las lecturas de Margalef, Naredo y Azqueta que cualquier ambiéntologo que se precie tiene en su estantería, o si clasificarlo entre las lecturas conspiranoicas que todo el mundo debería leer en el metro, camino al trabajo, tales como “La sociedad de control” y “Copia este libro“.

23 Febrero 2009

¿te conozco?

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Lorena lanza una encuesta en su blog con esta pregunta:

¿Participas en alguna red social donde no conoces a nadie físicamente?

Y no se muy bien qué responder, es más, se me ocurría un comentario outofftopicante del estilo ¿Conocer? ¿en el sentido bíblico de la palabra?

A día de hoy, en todas las herramientas sociales de Internet en las que participo conozco gente físicamente. Incluso hay herramientas en las que todos los usuarios a los que estoy conectado eran previamente conocidos. Pero no siempre fue así.

De un tiempo a esta parte utilizo Internet para comunicarme con gente a la que conozco, pero hubo un momento en el que no era común tener correo electrónico o utilizar herramientas sociales de Internet. Ahora algunos eventos familiares se organizan con ayuda de la red y las fotos se ponen a disposición de los compañeros de viaje por medios digitales. Poco a poco descubres, a base de ser etiquetado en las fotos del colegio, que todas esas personas a las que no mantuviste contacto analógico están al alcance del un golpe de ratón.

En la línea de la reflexión contactos vs interacciones, el correo electrónico siempre ha sido mi favorito. Las herramientas a través de las que más he interaccionado en Internet (con gente que conociese o no físicamente) siempre han sido las listas de distribución de correo electrónico.

Volviendo al asunto de personas que conozco físicamente en plataformas para redes sociales, depende el uso que haga de esas redes. Algunas tienen vocación de ser una lista de contactos multifuncional. La libreta de direcciones del correo electrónico, pero con fotos y apuntes sobre la vida de las personas con las que tengo algo que ver. Una agenda que (a cambio de mi privacidad) no se perderá, para siempre, la próxima vez que me cambien de dueño el teléfono móvil. Aquí cabe todo el mundo: puede que lo único en común sea la curiosidad por aprender a utilizar un programa para hacer música electrónica, la investigación sobre el origen de un apellido común o el haber pasado unos cuantos años en el mismo aula.

Es posible que algún día acuda a algún sarao por la curiosidad de conocer físicamente o por compartir algo de tiempo con gente con la que me relaciono en diferido a través de herramientas informáticas. ¿Eso cuenta como conocerlas físicamente? ¿es muy distinto de una cena de antiguos alumnos que llevan más de una década sin verse? seguro que quedar de forma presencial sirve para hacer química, pero…  ¿por qué invitan a cenar unos tipos cuyo blog leo de vez en cuando? ¿qué relación necesito tener con la persona que desarrolla un software que traduzco a mi idioma?

Como reflexión y para ir terminando, las redes sociales en Internet, para mí, son, básicamente, una herramienta de comunicación. Me dan la posibilidad de mantener contacto con personas (o perfiles, ¿la diferencia importa en según que casos?) con las que, seguramente, no interactuaría de otra manera y con otras con las que normalmente me relacionaré sin necesidad de acudir a esas herramientas sociales. Es posible que algunas de las relaciones que he establecido a través de Internet no tengan sentido fuera de la red. No digo que sean relaciones ficticias o que no jueguen un papel importante. Es sólo que, para un tipo en cuya religión no existe second life, hay muchas formas distintas de interaccionar en first life.

17 Febrero 2009

Reutilizar componentes informáticos para ser libres.

La sugerente entrada de Julen me ha llevado a la inquietante lectura de “La sociedad de control” de José F. Alcántara. El documento tiene mucha tela que cortar, hoy quería centrarme en el asunto de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

El autor habla, entre otras muchas cuestiones, del problema que puede suponer para las libertades individuales, especialmente para la privacidad, de distintos sistemas de control que, poco a poco, van incorporándose en nuestra vida cotidiana.

Me ha llamado la atención el asunto de la restricción digital de derechos a nivel de hardware destinados a impedir la ejecución de software o reproducción de contenidos que no tengan el visto bueno del fabricante:

“Aunque no es probable que se vaya a adoptar una medida tan impopular a corto plazo, no hay que olvidar que el sistema ha sido diseñado para que exista dicha opción y su sola existencia debería suscitar nuestro rechazo. Si necesitas un motivo importante para no comprar estos dispositivos, éste debería ser suficiente.”

En este punto, el autor habla del movimiento de “hardware libre” que enfrentaría al oligopolio de los fabricantes de componentes electrónicos (con incentivos para incorporar estos dispositivos de control), paralelo al de “software libre” contrapuesto a los oligopolios en los programas informáticos, estableciendo los pertinentes peros:

“El desarrollo de software requiere bastante conocimiento de programación, pero los requisitos económicos para comenzar a programar son muy pequeños: una computadora no supone ahora mismo una barrera excluyente si lo que queremos es desarrollar software. El desarrollo de hardware, sin embargo, requiere alta tecnología, cuyo precio es muy elevado.”

En este punto cabe hacer una pequeña reflexión sobre nuestro modelo de consumo de tecnología.

¿Qué recursos necesitamos para acceder y crear contenidos digitales? ¿Hasta qué punto las actualizaciones de nuestros equipos electrónicos se deben a obsolescencias planificadas? ¿Podríamos seguir leyendo y escribiendo blogs y wikis en el último ordenador del que nos desprendimos con un simple cambio de sistema operativo? ¿Qué requisitos son necesarios para disponer de un entorno ofimático completo?

Volviendo al título de la entrada, me pregunto ¿cómo estamos reciclando nuestros componentes electrónicos? ¿sería interesante cambiar el modelo?

Es evidente que a la industria le interesa que nos desprendamos de nuestros viejos ordenadores, los servicios de recogida los lleven a sitios donde los trituran (¿creando escasez de piezas de recambio?) y que de la pasta resultante se saquen materias primas para alimentar de nuevo la fabricación de equipos.

¿Es esto ecológico en términos globales? ¿es la forma de gestión de este tipo de residuos que maximiza el beneficio social?

Existen otros modelos, como el del sector de la automoción, que ha impuesto un mecanismo basado en la descontaminación (mediante la retirada de los fluidos) y posterior desensamblado y clasificación de componentes. Los tradicionales desguaces donde se apilaban coches viejos han pasado a ser, donde la normativa se aplica correctamente, limpios y ordenados almacenes de piezas de recambio. De chatarra a los vehículos al final de su vida útil.

¿Podemos hacer lo mismo con los electrodomésticos? ¿Podríamos hacer rentable un mercado de componentes de segunda mano? ¿necesitamos un garaje para poner el proyecto en marcha?

¿Me cambia la fuente de alimentación? Sí, se que, monetariamente, es más barato comprar un portátil nuevo que llevar el viejo a que le cambien la pantalla. Tal vez si pudiésemos encontrar pantallas de repuesto y cambiarlas nosotros mismos ¿no lo intentaríamos? ¿Y si con eso evitásemos (o al menos aplazásemos) la imposición por parte del fabricante de sistemas de control tales como sistemas de restricción digital de derechos a nivel de hardware o la incorporación de chips RFID en nuestras neveras?

Tal vez el camino del hardware libre esté en asegurar la vida útil de los equipos existentes y establecer protocolos de reutilización de los antiguos. O tal vez no.

1 Febrero 2009

Más fotos en internet: sostenibilizarte

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Nieva en Madrid

Os presento mi nuevo proyecto en internet: www.sostenibilizarte.es

Se trata de una galería de fotografías sobre desarrollo sostenible. Mi intención es colgar, poco a poco, todas las instantáneas que he ido tomando sobre elementos del medio ambiente, la relación del hombre con la naturaleza… una recopilación de fotos de flores, cabras, chimeneas y contenedores de residuos… en mi línea: me gusta hacer fotos, pero no tengo una técnica muy depurada. Tampoco me gusta el retoque más allá de montar una panorámica, recortar para mejorar el encuadre o enderezar alguna foto que sale torcida.

Nada espectacular, pero, que yo sepa, al menos dos de esas instantáneas han sido utilizadas para ilustrar algún contenido sobre energía eólica y el sentido magnético de las vacas. Así pues, tanto para permitir su exhibición como su reutilización me he decidido a colgar mis fotos en: www.alvizlo.sostenibilizarte.es

Hay muchas soluciones para colgar fotos en internet. Por ejemplo, tengo algunas fotos en Flickr, pero desde que vi cercano el límite de la gratuidad, me estoy replanteando qué relación quiero tener con ese servicio. Tal vez podría subir las fotos a alguna herramienta de red social… pero, no se si me terminan de convencer.

También utilizo otro servicio que permite compartir de forma más o menos discreta las fotos de la última reunión familiar, pero hay que diversificar.

Lo que realmente me apetecía era trastear un poco con aplicaciones libres y ser un poco independiente. En esta línea, había probado alternativas muy interesantes, como coopermine, un completo gestor de imágenes que permite crear portales para compartir fotografías con gestión de usuarios, o gallery bastante potente y con muchas más opciones de las que necesitaba. Así que, de momento, he tirado por pixelpost, espero que os guste el resultado.

Y aquí lo dejo, que está nevando en Madrid y no es la ventana de internet a la que más apetece asomarse.

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